Historia de Barcelona

Los primeros testimonios de población humana en el territorio que hoy en día configura la ciudad de Barcelona se remontan a unos 4000 años atrás, a fines del neolítico (2000 a 1500 a.C.). De los siglos VII a VI a.C. existen relatos que dan cuenta de la existencia de poblados de las tribus layetanas (íberos). En esta época también parece haber habido una colonia griega (Kallipolis), aunque los historiadores no se ponen de acuerdo en cuanto a su emplazamiento exacto. Durante la segunda guerra púnica, Barcelona fue ocupada momentáneamente por los cartagineses, aunque pronto se asentaron los romanos. De esta ocupación nace una leyenda que alude a una refundación a manos del general Amílcar Barca –otros se lo atribuyen a su hijo, Aníbal-, y que asegura que el origen del nombre de la ciudad se debe a este apellido. Sin embargo, no existen pruebas documentales de esta vinculación entre los nombres de la familia y el de la ciudad que hoy conocemos como Barcelona. En este sentido, la versión más aceptada indica que el origen de su nombre se remonta a la colonia romana llamada Colonia Iulia Augusta Paterna Faventia Barcino. Desde entonces, el nombre evolucionó conociéndose con los motes de Barchinona, Barcalona, Barchelona, y Barchenona.

El medioevo resultó un período floreciente que acabó con una gran decadencia, debido a graves crisis demográficas (hambrunas y sucesivas epidemias causadas por la Peste Negra), que dejaron diezmada la población. Posteriormente fueron las guerras civiles, el establecimiento de la corte en Nápoles, la guerra de los remences (revolución agraria) y, para rematarlo, la caída de Constantinopla, que cerró toda posibilidad de comerciar con oriente desde el Mediterráneo, volviéndose un mar inseguro por la piratería sarracena. El descubrimiento de América (1492) en nada ayudó a la recuperación de la ciudad de Barcelona, pues la unión dinástica de Castilla y Aragón (1497) con los Reyes Católicos no significó la unión de sus reinos, por lo que hasta 1778 no se permitió a los puertos de los estados de la Corona de Aragón comerciar con las colonias americanas, pues eran posesiones de la Corona de Castilla.

La decadencia, con breves períodos de cierta recuperación de Barcelona, se prolongó hasta principios del siglo XVIII. En medio, la guerra de Sucesión (1705-1714) que terminó con la conquista de Barcelona por las tropas castellano-francesas, representó la pérdida de las libertades y la autonomía política, el cierre de la universidad, el sometimiento a las leyes de Castilla y la prohibición del uso del idioma catalán en la enseñanza y los documentos públicos.

A partir de 1725 Barcelona empezó a recuperarse y de los 37.000 habitantes tras la conquista española de 1714, ya contaba con 125.000 en 1791. Con el aumento demográfico, floreció el comercio y la industria, empezándose a conformar la ciudad moderna: construcción de la Barceloneta, urbanización de las Ramblas, creación de las academias de las Buenas Letras y la de Ciencias y Artes, construcción de los palacios de la Virreina y Moja, restablecimiento de la Universidad, etc.

Con la división provincial de 1832 Barcelona se convirtió en capital de provincia. En 1836 fue proclamada la libertad de industria y se sentaron las bases de la revolución industrial. En 1877, ya con 250.000 habitantes, Barcelona entró en el desarrollo de la industria algodonera, lanera y la metalurgia, multiplicándose las entidades de crédito. Sin embargo, el siglo XIX no fue un período plácido, produciéndose numerosas revueltas y alzamientos.

En este siglo dos hechos principales marcaron el futuro de la ciudad de Barcelona: en 1854 se autorizó el derribo de las murallas que impedían su desarrollo urbanístico y en 1859 se aprobó el plan Cerdá (la característica cuadrícula urbana de Barcelona).

La industria y el comercio conformó una importante burguesía, en tanto que los movimientos sociales y migratorios, dieron entrada a todas las corrientes ideológica del exterior que fue origen del movimiento denominado Renaixença (Renacimiento) en todos los órdenes: literario, pictórico, arquitectónico, científico, político, etc., con constantes choques entre los sucesivos gobiernos conservadores de Madrid.

La rebelión militar de 1936 y la siguiente guerra civil trajo consigo una de las épocas más lúgubres de la ciudad de Barcelona, la cual sufrió grandes bombardeos por mar y aire, dejando miles de muertos y el exilio en el extranjero de decenas de miles de personas. La dictadura franquista, que se prolongó durante casi 40 años significó la liquidación de todos los logros, tanto en el aspecto cultural como el político. Económicamente, tuvo que transcurrir toda una generación antes de recuperarse el mismo nivel de vida existente antes de la guerra.

Con la muerte del dictador Franco, se restableció la democracia y la Generalitat, recuperando Barcelona la capitalidad de Cataluña. Esta época representó un gran crecimiento en infraestructuras, que culminó con los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. La gran promoción con este evento trajo consigo el que hoy sea una de las primeras ciudades europeas como destino turístico. Por ello es de gran importancia la gran riqueza arquitectónica de Barcelona (una de las ciudades más bellas y variadas del continente) y el gran número de actos culturales y sociales de todo tipo que se celebran allí. También su entorno es de destacar ya que la ciudad de Barcelona se encuentra situada en medio de zonas turísticas costeras (con más de 20 millones de visitantes al año) y con un creciente turismo interior de montaña (Pirineos).